CONTENIDO LITERAL

("Olvidado rey Gudú", comentario de Armando Boix. Derechos de autor 1997, Armando Boix)

En primera instancia puede sorprender que un miembro de la Real Academia publique una novela de fantasía que sea algo más que un simple divertimento o una obra menor, dado la acartonada gravedad con la que se almidona buena parte de la literatura española. Sin embargo, la extrañeza debería desaparecer de inmediato, a poco que se conozca la bibliografía de Ana María Matute, en la cual encontramos otras obras pertenecientes al género, como La torre vigía (1971) o El verdadero final de la Bella Durmiente (1995), novela juvenil ganadora del premio Ciutat de Barcelona, donde la autora continúa el conocido cuento para contarnos qué sucedió después de roto el hechizo por el beso del príncipe.
Con Olvidado Rey Gudú Ana María Matute no se anda con remilgos y levanta una obra de gran envergadura, tal vez, incluso, su obra maestra, como no han dudado en catalogarla algunos críticos. La novela nos narra la creación, auge y desaparición del hoy ignoto reino de Olar, desde sus tiempos como marca oriental hasta el trágico gobierno de Gudú, el que no podía llorar. Es una historia que no admite lecturas apresuradas; muy al contrario, precisa de una degustación lenta, sin prisas, como se desarrolla su trama -el Gudú del título, por ejemplo, no hace aparición hasta cerca de la página doscientas-. No nos encontramos, pues, ante la simple narración de una anécdota más o menos ingeniosa, sino ante una gran saga, a la manera de un Amadís de Gaula, repletas sus páginas de personajes y con un amplio marco temporal por el que transitar. Y es que, pese a tratarse sin ninguna duda de una high fantasy -como la etiquetarían comercialmente los americanos-, y en ella intervienen guerreros, hechiceros, dragones, trasgos y ondinas, las raíces de Ana María Matute están lejos de Tolkien y se nutren, más bien, de la novela de caballerías española, de la materia de Bretaña y los cuentos de hadas.
Pero, enfrentándose a algunos de estos referentes, Olvidado Rey Gudú está lejos de idealismos y sus protagonistas constituirían unos tristes modelos éticos. El medievo fantástico de Ana María Matute es sórdido y cruel, y quienes en él habitan no se mueven guiados por códigos de honor o altos ideales, sino por la lujuria, la codicia, la ambición y, principalmente, por la sed de venganza; una sed que les lleva, incluso, a renunciar a la humanidad y negar la capacidad de amar, como hace con un encantamiento la reina Ardid a su hijo Gudú, para conseguir convertirle en un monarca poderoso e implacable como nunca conoció Olar.
Una visión amarga de la condición humana, convertida en novela con gran sabiduría de los recursos literarios. Una lección magistral de cómo escribir una literatura fantástica propia sin rendir vasallaje a influencias extrañas y que, no por primera vez, desmiente el aserto de Vargas Llosa, según el cual, tras Cervantes, muere cualquier enfoque fantástico en nuestra narrativa.